Lo lindo y bonito de festejar a Mauricio es que da gusto ver el éxito de los buenos discípulos y que su miel es del otro lado de la misma montaña donde vamos nosotros.
Y lo digo pensando en grande sin mezquindades; pensando en alguna vez pelear entre todos la denominación de origen del Ulmo chileno, que duda cabe, la mejor miel del mundo mundial.

Ya nos organizaremos los cazadores del Ulmo para tener esta protección a nuestras mieles y luego seguir la senda que han trazado los pioneros neozelandeses y el señor Corchete que ya tiene a nuestras mieles en las grandes ligas inglesas.
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